Elara sabía que el tiempo se agotaba. El ambiente en el castillo era tan denso que casi se podía palpar el peligro. Con Kael sumergido en las profundidades de los calabozos, esta era su única oportunidad. Aprovechó el cambio de guardia —un momento de distracción que Rhevan, curiosamente, pareció facilitar al llamar a los soldados para una inspección innecesaria— y se deslizó hacia la habitación de su hermana.
Al entrar, encontró a Aylén sentada junto a la ventana, mirando hacia el bosque con un