Rhevan se detuvo frente a los aposentos reales, con el peso de los descubrimientos del calabozo aún fresco en su mente. Dio dos toques secos en la madera noble de la puerta, esperando la orden.
—Entra, Rhevan —resonó la voz de Kael desde el interior, con una autoridad que parecía vibrar con una energía renovada.
Al entrar, Rhevan se quedó clavado en el sitio, presa de una confusión absoluta. Sus ojos recorrieron la figura del Alfa Supremo, notando de inmediato el azul eléctrico de sus ojos y la