Sienna se quedó paralizada frenando en seco, mientras Leo corría hacia ella con los brazos extendidos y una mirada llena de ternura. La mujer sintió el impacto de su cuerpo cuando la estrechó con fuerza y sintió su aliento tibio en la oreja.
— Ya estoy aquí… no volveré a irme…
— Leo… — dejó escapar en un susurro.
La rubia no pudo fingir más. Había pasado demasiado tiempo haciéndose la fuerte, manteniendo una actitud estoica, como si nada la lastimara, como si pudiera con todo ella sola, cuando