Las horas que siguieron a la partida de Leo hacia el quirófano se estiraron, volviéndose interminables para Sienna. Se sentó en la sala de espera con el frío del aire acondicionado calándole los huesos, pero era un frío que venía de adentro, de la ansiedad que la carcomía.
Chris se había quedado a su lado, con su presencia silenciosa pero firme, y su mano a menudo sobre la suya, ofreciéndole un consuelo que apenas lograba traspasar el muro de su tormento pues las noticias llegaban a cuentagotas