Mundo de ficçãoIniciar sessãoRob Evans no era un hombre de paciencia, pero sí era un hombre de estrategia.
Se sentó en su gran oficina, el cráneo de un ciervo, colgado en la pared lo miraba con ojos opacos, como un macabro trofeo de un pasado que parecía haber desaparecido con la aparición de una mujer.
Una mujer que se había colado en su mundo y en el de su hermano.
Su oficina, era un reflejo de su mente práctica, estaba ordenada, con los papeles en p







