Después de salir del juzgado, siento un sabor agridulce en la boca. Sí, siento alivio de que hay una orden de restricción en su contra, un muro legal para protegerme de mi abusador. Pero no es suficiente, no con la amenaza de que pueda denunciarme, acabar con mi carrera y mi testimonio. No quiero que mi violación se convierta en un circo o en una lucha para ver quién dice la verdad. No debería ser así, no después de todo lo que me hizo sufrir.
En un silencio tenso, volvemos al coche. Alana debe