Andrew, Alana y yo volvimos al apartamento de Andrew. Él nos dejó en la sala de estar antes de marcharse al bufete. No podía olvidar que era el presidente de una firma de abogados, una de las más importantes del país. Recibía llamadas, correos y notificaciones a cada instante, y a pesar de que apreciaba que dejara todo eso de lado por mí, debía volver.
Alana y yo aprovechamos el tiempo a solas para poder conversar. Como presumía, me pidió que le contara todo, y aunque me resistía a darle los d