Ya estoy instalada como cada día en la oficina, ordené los pendientes y tomé mi iPad como aún Adam no ha llegado, decido que le daré una sorpresa, por lo que me dispongo a ir a su pent-house, camino en dirección a las escaleras, cuando se abren las puertas del ascensor.
-¡No puedo creer que seas tan flojo! -le señaló, mientras él me mira con esa carita que me mata-. Perdón, buen día, señor Scott.
Corrijo al ver a Gypsia sentada en su cubículo que nos mira sin poder entender qué es lo que está