Amaro vio a Alma sentada en la cocina. Frente a ella estaba su desayuno: un vaso de jugo y un sándwich, que ella miraba sin tocar todavía.
—Creo que hay ratones en el jardín, hay que llamar al fumigador. Los vi desde la ventana y sentí tanto asco. Amaro, tienes que hacer algo antes de que se metan a la casa —chilló Mónica, sacudiendo las manos a punto de correr a refugiarse sobre una silla.
Él rodó los ojos, sin entender qué hacía despierta tan temprano. Y sobria.
—¿Estás segura de que