Las andanzas de Amaro en terrenos inexplorados ya no se sentían en el cuerpo de Alma al amanecer, pero su recuerdo la invadía cada vez que se sentaba.
Fue en el momento de ir a acostarse que se había percatado del olvidado de la bicicleta, cuando quiso leer su libro antes de dormir. Iría a buscarla a la hora de almuerzo.
Seis de la mañana y deambulaba silenciosa por la casa. Agustín dormía, Lía incluso roncaba. Tal vez, luego de darle su leche a Agustín, iría a hacerle una breve visita a Amar