Quince días tardarían en entregarle la partida de nacimiento de Agustín. En ese tiempo, de seguro Amaro podría conseguir la información por su cuenta, pensaba Alma, con la cabeza apoyada en la ventana del bus.
Había dejado su bicicleta en los estacionamientos del supermercado y ahora se dirigía a la ciudad.
Más allá de una investigación, lo que buscaba era tomarse un respiro. El aire fresco del pueblo la estaba asfixiando.
La amiga con la que iba a reunirse, que en realidad había sido amiga de