—¿Escuchaste lo que dije? Lleva mi maleta a la habitación de mi esposo.
Alma había oído, pero su cerebro seguía procesando aquella información. Cogió la maleta y subió las escaleras, sin hacer preguntas.
La mujer era una mentirosa que quería su ruina, pero Amaro la traía de regreso y nada menos que a su habitación. Algo muy raro estaba pasando.
Dejó la maleta sobre la cama y nada más. No iba a desempacar por ella.
Se estaba volviendo cuando Amaro cruzó la puerta, que cerró tras él para luego ro