—¡¿Esta es la zorra que dice ser tu esposa?! ¡¿Esta vagabunda?! ¡Entrégame a mi nieto, prostituta!
Alma, sin entender lo que estaba ocurriendo, se vio obligada a entregarle a Agustín para evitar que la mujer lo jalara.
El niño rompió en llanto hasta que Amaro volvió a ponerlo en brazos de Alma.
—Entra a la casa, yo me encargo.
Ella asintió y corrió dentro, todavía medio temblorosa.
—¡¿Qué está pasando aquí, Amaro?!
—Pasa que estás haciendo el ridículo. Ella es la niñera, ¿entiendes?