EMELY.
Soraia se inclinó hacia delante, ignorando el protocolo, y me rodeó con su brazo libre mientras mantenía a su bebé protegido. Kasidy se arrodilló a mi lado, dejando que sus propias lágrimas cayeran sobre nuestra alfombra de césped.
—Cuéntenles que luché por cada segundo a su lado —sollocé, sintiendo cómo mis bebés se movían con fuerza, como si reaccionaran a mi angustia—. Díganles que, si no estoy ahí para verlos dar sus primeros pasos o escuchar sus primeras palabras, es porque di mi vi