EMELY.
—¿Qué vamos a hacer ahora? —pregunté, rompiendo el silencio denso de la oficina. Me giré un poco en las piernas de Olivar para mirar a los demás.
Garino se frotó la barbilla, pensativo, sin despegar los ojos de los códigos que corrían en su monitor.
—Espera —me pidió con tono calculador—. No podemos responder cualquier cosa. Tenemos que elegir el lugar del encuentro con mucho cuidado. Debe ser un sitio que no levante sospechas, que parezca natural para ustedes, pero que no nos deje en de