OLIVAR.
Gemini ha dicho
Cerré la puerta del despacho con llave y verifiqué el aislamiento acústico. No podía permitir que ni un solo eco de esta conversación llegara a los oídos de Emely; ella necesitaba paz para los niños, y lo que estábamos por discutir era veneno puro. Me giré hacia mi padre, Magnus, que permanecía de pie junto al ventanal, como una estatua de granito vigilando el abismo.
El teléfono sobre el escritorio vibró, rompiendo el silencio sepulcral. Era la línea segura. Contesté de