EMELY.
El ambiente en la habitación es pesado, denso. El aviso ha llegado: se ha detectado movimiento en el perímetro exterior. Ya no hay vuelta atrás. Vargo viene.
Con las manos temblorosas y el corazón apretado, empiezo a empacar las cosas de Kaelen y Zaleia. Meto pañales, mantas suaves, pequeñas mudas de ropa... cada objeto se siente extrañamente final. Me permito un momento de debilidad y una lágrima solitaria rueda por mi mejilla, pero me la limpio rápidamente. No hay tiempo para el miedo,