EMELY.
Al entrar, el ambiente cambió de inmediato. El olor a cuero, café y la esencia dominante de los tres hombres llenaba el lugar. Garino estaba inclinado sobre la pantalla, Magnus revisaba unos documentos y Olivar estaba sentado en su gran silla de roble, esperándome.
Rodeé la mesa bajo la mirada atenta de todos. Sin pedir permiso, me acerqué a Olivar y me senté directamente en sus piernas. Él me recibió al instante, separando ligeramente sus rodillas para acomodarme y posando sus manos gra