EMELY.
—¿Lo están usando de carnada? —pregunté con un hilo de voz, mirando a Olivar y a Garino.
Ellos se miraron entre sí. Fue Olivar quien asintió con pesadez.
—Es lo más probable. Vargo no hace nada sin un motivo, y Arles era tu único vínculo débil con la ciudad.
En ese momento, la voz de Kia, mi loba, resonó en mi cabeza con una frialdad que me erizó la piel.
"Ya está muerto", sentenció ella.
Me quedé helada. "¿Cómo puedes estar tan segura?", le pregunté mentalmente, sintiendo un vacío en el