capitulo 59

Alekos seguía mirando la carpeta.—La llamaré para que le informes —dijo al fin, con voz contenida.

Strauss lo observó en silencio; el hombre que tenía enfrente parecía abatido, como si le hubiesen arrancado el suelo bajo los pies. Alekos se pasó una mano por el rostro y salió hacia la cocina.

—Dakota, ven un momento. Strauss tiene que hablar contigo —dijo, sin mirarla demasiado.

—¿Conmigo? ¿De qué se trata? —preguntó ella, sorprendida, siguiéndolo hasta la oficina. Algo en la expresión de Alekos le heló la sangre.

—Siéntate, por favor —pidió él.

Dakota obedeció, con la sensación de ser una niña a punto de ser reprendida.

—Toma —dijo Strauss, extendiéndole la carpeta—. Stavros te cedió el cincuenta por ciento de sus acciones, junto con algunas propiedades.

—No entiendo —respondió ella, devolviéndosela—. ¿Por qué haría algo así?

—Explícaselo —dijo Alekos, sin apartar la vista de Strauss.

—¿Sabes cómo están repartidas las acciones del corporativo Ravelli? —preguntó el abogado.

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