El corazón venció a Stavros. Había escuchado los gritos de Dakota, oyó a su hija clamar por ayuda, pero no logró llegar a tiempo. Cayó al suelo, inmóvil. Lo último que percibió antes de desvanecerse fue el llanto desesperado de su hija.
Alekos se encontraba sobre la tabla de surf; ya se había caído un par de veces. Todavía no entendía cómo se había dejado convencer por Xandro, quien se reía de él desde el agua. Estaban algo lejos de la costa cuando Alekos creyó ver a alguien en la orilla. De pronto, un helicóptero comenzó a sobrevolar la zona.—¡Xandro! —le gritó alarmado—. ¡Algo está pasando!
Xandro alzó la vista, vio el helicóptero y luego miró hacia la casa. Algo andaba mal. Le hizo una seña a Alekos y ambos comenzaron a nadar con fuerza hacia la orilla. Cuanto más se acercaban, más evidente era que algo ocurría. El helicóptero ya había aterrizado. Alekos dejó la tabla a Xandro y corrió por la arena. Desde la distancia escuchó los gritos de Hipólita, que venía hacia él completame