Los segundos parecían alargarse en una eternidad. El sonido de las armas siendo recargadas, los cuerpos tensos listos para atacar o defenderse, y en el centro de todo, Montalvo, sonriendo como si aún tuviera la ventaja.
- Debo admitirlo, Iván. - Su tono era tranquilo, casi divertido. - Han logrado sorprenderme. Pero eso no cambia nada. ¿De verdad creen que pueden ganarme?
Iván no respondió de inmediato. Escudriñó la sala, asegurándose de que todos estuvieran preparados. Samuel estaba a su lado,