El disparo retumbó en el almacén como un trueno en la distancia. Iván sintió cómo el tiempo se ralentizaba. Vio a Montalvo con el arma aún alzada, el humo saliendo de la boca del cañón. Sintió el aire tenso, cargado de peligro y muerte.
Pero el dolor no llegó.
Porque no era él quien había recibido la bala.
- ¡Elisa!
Su voz fue un rugido cuando la vio caer.
Elisa había corrido hacia él en el último segundo, lanzándose contra Montalvo con el trozo de metal oxidado. Había logrado distraerlo, pero