El aire de la ciudad estaba denso con la tensión acumulada. Las luces de los rascacielos parpadeaban como ojos vigilantes sobre las calles frías, mientras la gente seguía con sus rutinas, ajena a los movimientos secretos que se gestaban en las sombras. Para Iván, cada minuto que pasaba se convertía en una cuenta regresiva hacia lo inevitable. Montalvo había hecho su jugada, y ahora era el turno de él. El contrataque que había planeado durante tanto tiempo comenzaba a tomar forma.
El despacho de