La ciudad seguía respirando en silencio mientras los negocios, las luces y las vidas seguían su curso, ajenos al drama que se gestaba bajo la superficie. Cada calle, cada esquina, era una pieza en el complejo rompecabezas que Iván había comenzado a armar, un rompecabezas que pronto se transformaría en un tablero de ajedrez donde cada movimiento podría ser el último. Los ojos que vigilaban desde las sombras se preparaban, y las piezas que habían sido colocadas en el campo de batalla estaban por