La mañana llegó con un cielo despejado, pero para Natalia, el día comenzaba con una nueva tormenta dentro de sí. Había algo en el aire, algo que la inquietaba profundamente, como si todo lo que había estado planeando hasta ese momento estuviera a punto de desmoronarse. El encuentro con Sebastián Valverde no había hecho más que confirmar lo que ya sospechaba: estaba jugando con fuego, pero cada paso hacia adelante la acercaba más al borde del abismo.
Se encontraba en su oficina, contemplando la