La lluvia caía a raudales sobre la ciudad, las gotas golpeaban las ventanas del despacho de Natalia, un sonido constante y monótono que parecía calmar su mente agitada. Había dejado atrás la reunión en la sala de juntas, un campo de batalla donde las palabras eran cuchillos y las miradas, dagas afiladas. La tensión aún llenaba el aire, pero Natalia sabía que su estrategia debía ser calculada, que cada movimiento debía estar planeado al milímetro. La guerra por el control de Montalvo Corporation