53. JARDINES
De mala gana, Dolores me trajo las cosas para el desayuno, murmurando quejas entre dientes que solo me hacían reír aún más. Estábamos inmersas en esta cómica disputa cuando una voz urgente resonó en la distancia, interrumpiendo nuestra pequeña contienda matutina.
—¡Dolores, Dolores! ¿Has visto a Ángel? —la voz de Sor Caridad vibró con un tono de ansiedad, lleno de preocupación.
Dolores no perdió tiempo en responder, su voz llevando un matiz de alivio mientras gritaba desde la puerta:
—¡Está c