52. DESPERTAR.
La voz carecía de forma, un susurro etéreo que flotaba en el aire como un eco distante de tiempos inmemoriales. Mis sentidos se agudizaron, atrapados entre la fascinación y el temor. Mi corazón, como una bestia desbocada, latía con una rapidez alarmante. En medio de mi desconcierto, una comprensión ominosa se forjó en mi mente: algo más allá de la realidad tangible estaba presente, algo que trascendía la comprensión humana.
Giré la cabeza en dirección a la voz, buscando una presencia que no pod