51. INSCONCIENCIA
Dolores me siguió en silencio hasta mi habitación. Las lágrimas amenazaban con desbordarse en sus ojos, aunque hacía un esfuerzo por ocultar su tristeza. En ese momento, algo extraño sucedió. Un escalofrío recorrió mi columna vertebral, y por un instante, solo un parpadeo de tiempo, vi algo que no podía ser real. Apareció junto a Dolores un hombre de figura espectral, alto y esbelto, vestido completamente de blanco. Su piel era tan oscura como la medianoche, un negro profundo que parecía absorbe