De pie al lado de Dolores, con mi vista fija en los cuchillos suspendidos en el aire, mi corazón latía con fuerza, y un escalofrío recorrió mi espalda. No sabía qué hacer o qué decir en medio de aquella escena sobrenatural. Dolores se levantó y se colocó entre la mesa y yo, bloqueando mi visión, como si quisiera ocultar algo. Sus ojos encontraron los míos y me preguntó con aparente calma:
—¿Qué hace aquí, niña? ¿No le he dicho que este no es lugar para la dueña de la casa? —Mi mente estaba lle