35. MONJAS
Las monjitas seguían contándome que los niños en el orfanato preguntaban por mí todos los días. Me extrañaban y querían saber cuándo volvería. Disfrutaba tanto de escucharlas que apenas pronunciaba una palabra, solo quería que sus voces me llenaran de felicidad. Dolores nos avisó que ya estaban listas las habitaciones. Tomando sus pequeñas valijas, nos dirigimos a la segunda planta.
El primer cuarto, justo al lado del mío, era hermoso. Me quedé, al igual que mis compañeras, asombrada y gratamen