155. PERDONADA
Me quedo mirándolo fijamente, subo mi barbilla solicitando un beso. No se hace de rogar, me besa con verdadera pasión, haciendo que sienta su gran amor por mí, llenando mi alma de nuevo de paz. Cuando nos separamos para respirar, continúa besando mi rostro, mis ojos, mi nariz, mi frente, y lo siento alejarse. Me doy cuenta, es porque se está excitando y no quiere que lo note.
Cierro mis ojos y lo dejo hacer, concentrándome en todo lo que pasó en el escenario desde el instante en que me visti