Sebastián cerró la puerta de su habitación con más fuerza de la necesaria y durante unos segundos permaneció inmóvil, con la mano todavía apoyada sobre el picaporte, como si esperara que al cerrar aquella puerta también pudiera dejar atrás todo lo que acababa de ocurrir.
Pero no funcionó.
La imagen de Juliana seguía presente en su mente. Sus ojos llenos de tristeza. La manera en que había pronunciado aquel «sí» sin alegría, sin ilusión, sin siquiera una pizca de esperanza....
Se quitó el saco y