El licenciado Valdés abrió la carpeta que llevaba consigo y acomodó los documentos sobre la mesa. El silencio en la pequeña sala era absoluto. Nadie hablaba; nadie parecía dispuesto a romper aquella tensión.
Después de revisar por última vez la documentación preparada por el licenciado Salvatierra, levantó la vista hacia Juliana y Sebastián.
—Necesitaré sus documentos de identidad, por favor.
Sebastián fue el primero en sacar su billetera. Entregó su identificación con la misma seguridad con la