Juliana permaneció inmóvil durante unos segundos, incapaz de sostenerle la mirada después de lo que acababa de ocurrir. Todavía sentía la cercanía de la respiración de Sebastián, como si aquel instante hubiera quedado suspendido en el aire y se negara a desaparecer. Cerró los ojos apenas un momento, avergonzada de sí misma. No entendía cómo había permitido que algo así sucediera, cuando Amanda seguía desaparecida, cuando se suponía que el miedo ocupaba cada rincón de su mente.
Se secó las lágri