Sebastián tomó el teléfono y respondió, sabiendo muy que era lo que estaba a punto de venir.
—Diga.
Al otro lado de la línea hubo unos segundos de silencio antes de que una voz masculina hablara.
—Espero que les hayan quedado muy claras nuestras condiciones.
Sebastián apretó ligeramente la mandíbula. La voz era exactamente la que esperaba escuchar.
—Sí. Es la residencia Echeverría. Soy Sebastián... ella está aquí a mi lado.
Juliana levantó la mirada al escucharlo decir aquello. No entendía por