18.

Myra cerró la puerta tras ella y encontró a Lucía sentada en la madera gastada de la entrada. Se sentó junto a ella con cuidado y vio como tenía los ojos brillosos.

—¿Está bien? —le preguntó y la mujer se sonó la nariz.

—No quiero que Axel se involucre en nada más que tenga que ver con esa dichosa empresa —dijo mientras miraba el bosque y apretaba los puños. Myra la miró extrañada, y luego puso la palma de su mano en el puño cerrado y tenso de la mujer.

—Jábico tiene a nuestra manada, es nuestr
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