30.

El pasillo era estrecho y lleno de cables, del techo pendían apenas un par de bombillas de luz amarilla que le daban un aspecto lúgubre y claustrofóbico.

Eran apenas las diez con doce de la mañana, y las instalaciones debían de estar completamente en funcionamiento. Cuando pasaban por una cámara de seguridad agachaban la cabeza y elevaban una plegaria, pero el parecer nadie los descubrió.

Llegaron hasta la puerta que Claudio les había indicado y cuando Myra la abrió dejó escapar un jadeo. Estab
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