Elena despertó con el primer rayo de sol filtrándose entre las enredaderas. La casa parecía respirar en silencio. Lucía ya estaba vestida, sentada junto al ventanal, observando el bosque como si esperara que algo se moviera entre las sombras.
—No pude dormir —admitió, sin girarse—. Soñé con la mujer del retrato. No me hablaba, pero señalaba el libro… y detrás de ella, todo ardía.
Elena se incorporó con el corazón acelerado. —Yo también la soñé.
No hablaron más. A veces, el silencio compartido d