Elena
La cámara ya no parecía un calabozo. Ahora era un altar.
Elena estaba suspendida por cadenas de plata oscura, colgando apenas unos centímetros del suelo. Su piel ardía. No por heridas visibles, sino por la energía que le drenaban lentamente.
Cuatro figuras la rodeaban, murmurando palabras antiguas. Las runas talladas en el suelo vibraban con cada sílaba, como si el espacio se agrietara con la magia.
Frente a ella, la mujer de ojos verdes sostenía un cuenco de obsidiana.
—Esto no es castig