El humo aún se elevaba detrás de ellos.
Las llamas consumían lo que quedaba del edificio.
Pero Valeria ya no miraba atrás.
Ahora todo había cambiado.
El sistema seguía activo.
Pero ya no estaba bajo el control del Consejo.
Estaba… libre.
Mateo seguía revisando su teléfono.
—Esto es más grande de lo que pensamos.
Santiago se acercó.
—Explícate.
Mateo giró la pantalla hacia todos.
—Las cuentas ocultas están saliendo a la luz.
Sofía abrió los ojos.
—¿Todas?
Mateo asintió.
—Empresas fantasma… polít