Las sirenas se alejaron con el paso de los minutos.
Ricardo y sus hombres desaparecieron antes de que la policía pudiera atraparlos. Oficialmente, todo quedó como un “intento de robo en el puerto”.
Nada más.
Nada menos.
Valeria estaba sentada en el hospital, mientras un médico terminaba de limpiar la herida en la frente de Santiago.
—No es profunda —dijo el doctor—. Solo puntos superficiales.
Cuando quedaron solos, el silencio fue distinto.
Más pesado.
—No parecía preocupado por el disc