Las puertas del almacén se abrieron con un chirrido metálico.
Valeria contuvo la respiración detrás de las cajas, abrazando el disco duro contra su pecho. Su corazón latía tan fuerte que temía que pudieran escucharlo.
Pasos.
Lentos. Seguros.
—Revisen todo —ordenó una voz que ella conocía demasiado bien.
Ricardo.
El aire se le congeló en los pulmones.
Se asomó apenas lo suficiente para verlo entrar bajo la luz amarillenta del puerto. Elegante. Impecable. Como si no acabara de ordenar una persecu