Zarah cruzó a Fausto de camino a su habitación mientras escapaba del cuarto de Tabar. Pronto se enteró del ataque a los territorios fronterizos. Una sensación amarga la invadió al escuchar que algunas de las mujeres que defendían el fuerte de Bilahl habían sido capturadas por los Vándalos. Conocía el atroz destino que les deparaba. Uno peor que la muerte.
Pidió al Fausto que mandara a ensillar al corcel que habia elegido de los establos. Los jóvenes aprendices lo llamaban Xirac, como el Dragón