El silencio invadió el establo cuando Zarah entró en busca de su corcel. Los aprendices que limpiaban el excremento de los caballos la reverenciaron fríamente con sus rostros cargados de recelo. Jabari se sintió incómodo pero Zarah parecía estar acostumbrada a aquellos destratos. El guerrero fijó su mirada en uno de los aprendices pues le parecía familiar. Pronto notó que se trataba de uno de los jóvenes que había visto durante la madrugada tomando licor a escondidas en el establo. Uno de los qu