—¡Jabari!—el guerrero escuchaba su nombre a lo lejos pero estaba petrificado frente a la imagen de las lenguas de fuego arrasando los techos de las humildes casas. Los pocos caballos que quedaban corrían desaforados de un lado a otro intentando escapar de las llamas. —¡Jabari!—El olor metálico de la sangre lo invadió. Sentía que iba a vomitar en cualquier segundo. Intentó cerrar los ojos pero la sensación sólo empeoró. Las memorias de sus compañeros descuartizados por los mercenarios ya eran ter