“¿Has oído hablar de la canción del Dragón y el Sol, pequeño príncipe?” la voz grave de una mujer susurró en el fondo de la mente de Tabar “Pues dejame enseñarte la última estrofa…”. Los párpados del Señor de Dragones se abrieron repentinamente aunque no sin dificultad. Su cabeza daba vueltas a causa del resabio del elixir en su cuerpo. Sintió por un segundo el temor de que todo lo que había sucedido la noche anterior hubiera sido un sueño. Pero entonces el cuerpo cálido de Zarah se revolvió en