Al oír las palabras de Said, Tabar llevó por instinto la mano al cinturón buscando la empuñadura de su espada pero no la encontró. Miró a Jabari quien enseguida salió de la biblioteca en busca del arma.
"Y yo que creí que iba a tener un día tranquilo..." se lamentó en silencio.
—¿Quién es este hombre? ¿Quién se cree para exigir tan descaradamente hablar con mi esposa?
Zarah notó la furia contenida en las palabras de Tabar. Si bien la curiosidad la carcomía no estaba segura de querer desc