Aquella intervención había logrado que una lluvia de fuego se desatara en aquel lugar, Ivan arrugó las cejas buscado descubrir de quien se trataba aquella mujer que se acercaba meneando su cuerpo como una felina enfurecida.
—He dicho que bajen las armas, ¿por qué no lo hacen? —reclamó mostrando molestia aquella mujer, por supuesto que Mía por nada del mundo bajo la guardia.
—¿Quién demonios eres? —indagó observando su cuerpo de pies a cabeza.
—Sé muy bien lo que estás buscando, o mejor dicho